Antes de sacar las antorchas, déjenme explicar.
El año pasado leí Renegades, la trilogía de superhéroes de Marissa Meyer. Cualquier atención que pudiera haber prestado a las batallas se vio eclipsada por mi molestia con la protagonista: Nova. Porque me parecía la fotocopia de la fotocopia de un personaje que ya había visto antes.
Era seria, sarcástica, desapegada y experta en todo. Se comportaba igual que otras girl boss de la ficción reciente. La principal conclusión que saqué del libro fue esta pregunta: ¿por qué la fortaleza femenina siempre se ve igual?
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El término girl boss, que se traduce como jefa, se popularizó en 2014 con el libro #Girlboss de Sophia Amoruso. En sus inicios, se utilizaba para describir a las mujeres que dominaban el mundo corporativo. Pero la cultura pop deformó el concepto.
Hoy en día, el término se utiliza más en la ficción. Y se refiere a una mujer que es independiente hasta lo absurdo, sarcástica, cerrada y poco interesada en cualquier aspecto tradicionalmente femenino. Alguien que domina todos los espacios, nunca pide ayuda y está tres pasos adelante.
En papel suena increíble. Pero en la práctica son personajes construidos solo para tachar ítems de una lista.
El artículo The Performance of the Strong Female Character de Mads Aarup Pedersen analiza este fenómeno. Explica que el tropo de la «mujer fuerte» suele quedarse en aspectos superficiales. Como sus habilidades de combate, frialdad emocional y perfección constante.
Lo que pareciera ser la guía para el empoderamiento, termina produciendo personajes planos. ¿Por qué?
Pues, ¿qué tipo de desarrollo se le puede dar a alguien que, desde el principio, ya es perfecta en todo? Estas mujeres ya son extraordinarias, no hay mucho por cambiar.
Creo que este tipo de personaje es otra forma de encasillar a las mujeres. Durante décadas, la ficción nos puso en la caja de la Víctima. La chica dulce, bonita, callada, donde su historia giraba alrededor de ser salvada.
Y luego, saltamos a la caja en el extremo opuesto: la mujer invencible que no necesita a nadie.
Parece que estas son las dos únicas opciones: necesitar protección o ser la guerrera calculadora.
En realidad, las mujeres vivimos en un punto intermedio entre estas caricaturas. Se puede ser ambiciosa sin despreciar a quienes piensan distinto. Una mujer puede desear una familia y seguir siendo independiente. Puede liderar un proyecto enorme y al mismo tiempo ser la persona que cuida a su comunidad.
Creo que la fortaleza femenina se puede observar de muchas maneras. En la líder del movimiento social, en la empresaria, en la madre, en la estudiante.
Y a pesar de tantas realidades, la mayoría de las historias que vemos sugieren que tenemos que elegir una de las cajas. Ser la girl boss o la damisela en apuros.
El estudio Archetypes and gender in fiction: A data-driven mapping of gender stereotypes in stories encontró que, aunque ahora hay más personajes femeninos, los arquetipos siguen reproduciendo normas de género rígidas. Entonces, el que haya más mujeres en pantalla, no necesariamente cambia las reglas. Casi siempre, seguimos atrapadas en las cajas.
Por eso resaltan las historias que permiten más complejidad. Me viene a la mente Evelyn Wang, de Everything Everywhere All at Once. Es una mujer inmigrante que dirige un negocio familiar mientras intenta remendar las relaciones con su familia. Y aun cuando viaja entre dimensiones, esa sigue siendo su motivación. Su fortaleza no viene de negar sus emociones, sino de enfrentarlas.
Algo similar ocurre en K-Pop Demon Hunters, por bizarro que suene. Aun siendo cantantes de K-pop que luchan contra demonios, las protagonistas se sienten auténticas. Son escandalosas, exageradas, y torpes. Se arreglan el maquillaje antes de una pelea y luego fallan en pleno combate. Tienen chistes internos y momentos incómodos.
No necesitan pasarse toda la película presumiendo lo fuertes que son. Como audiencia lo entendemos gracias a sus cualidades y sus errores humanos.
Tal vez ese sea el punto que más se nos olvida: las mujeres no son arquetipos. No son la girl boss, ni la damisela.
Las mujeres son personas que se equivocan y aprenden. Que lloran y lideran. Que pelean y aman al mismo tiempo.
Contenemos multitudes; las historias serían mucho más interesantes si nos atreviéramos a mostrar a las mujeres en toda su complejidad.
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