En aquella ocasión escribí refiriéndome a la cirugía que le realizaron y a la atmósfera que rodeó, extramuros, dicha intervención: «Si aquella noticia me infundió algún desasosiego, mucho más lo vivencié cuando a principios de la semana pasada leí las declaraciones que el papa dio respecto de la atmósfera que rodeó su hospitalización. Según la Agencia Católica de Informaciones (Aciprensa): “El papa Francisco lamentó que, a raíz de su reciente operación de colon, realizada el 4 de julio en Roma por una diverticulitis, algunos lo querían muerto y ya preparaban el cónclave para nombrar a su sucesor”»[1]. Aquel artículo publicado el 26 de septiembre de 2021 lo titulé: Al final no hubo cónclave.
Recuerdo que, en aquella ocasión, muchos católicos conservadores repetían como loros que el papa era comunista. En realidad, no habían superado las palabras que el papa pronunció con relación a los administradores corruptos, en la homilía del viernes 8 de noviembre de 2013 llamada El pan sucio de la corrupción. Sus afirmaciones fueron muy fuertes, tan fuertes como ciertas. Dijo: «Los administradores corruptos devotos del dios soborno cometen un pecado grave contra la dignidad y dan de comer pan sucio a sus propios hijos: a esta astucia mundana se debe responder con la astucia cristiana que es un don del Espíritu Santo» [2].
[frasepzp1]
Hoy, esos adefesios (los detractores del papa Francisco), vuelven a hacer presencia ante la gravedad de su enfermedad. Sacristía afuera no me extraña, pero sacristía adentro me invita a la reflexión sobre cuánto mal hay disfrazado de bien en nuestra realidad. Una alharaca similar escuché (sacristía adentro) cuando el año 2019 rehabilitó en el sacerdocio al teólogo y poeta nicaragüense Ernesto Cardenal. Pesaba sobre el padre Cardenal una suspensión desde 30 años atrás impuesta por Juan Pablo II. Su pecado (¿?) fue haber sido una de las grandes figuras de la Teología de la Liberación en América Latina que hizo suya la opción preferencial por los pobres.
Sí, fueron los mismos que se rasgaron las vestiduras cuando, el 11 de febrero de 2013, Benedicto XVI abdicó aduciendo ya no poseer la fortaleza para afrontar las exigencias del cargo. Ni recordarlo. Hubo un aluvión de conjeturas a tal grado que Benedicto, durante la misa solemne del Miércoles de Ceniza, condenó la hipocresía Iglesia adentro y criticó las divisiones del cuerpo eclesiástico. Manifestó (durante su homilía) que dichas divisiones «desfiguran el rostro de la Iglesia» y llamó a «superar los individualismos y las rivalidades»[3].
En esa ocasión, en cuestión de tres días sucedieron (renuncia de por medio) varios hechos relacionados con fenómenos naturales y provocados por el ser humano. Entonces, ante el desconcierto y la incertidumbre que provocaban los rasgados de vestiduras, vinculando esos acontecimientos sin ninguna base razonable, escribí: «De tal manera: La renuncia del Benedicto con sus prolegómenos y consecuencias, el rayo que cayó sobre El Vaticano inmediatamente después, la lluvia de meteoritos en los Montes Urales (que provocó más de mil heridos), el paso del asteroide 2012DA14 ocho kilómetros por debajo de los satélites geosincrónicos y la prueba nuclear en Corea del Norte, todo sucedido en un lapso de 72 horas, no debe sino hacernos recordar: Yo soy, no temáis (Juan 6:20). Los timonazos que para corregir rumbo ha dado el papa Francisco refrendan esa cita de consuelo y fortaleza»[4]. El artículo lo titulé: Timonazos en la Barca de Pedro. (28 octubre 2012).
Pero tal parece, no entienden. Vuelven con el mismo batiburrillo donde entremezclan milenarismo, comunismo, fin del mundo, retorno al conservadurismo para bien de la Iglesia y un sinfín de barrabasadas disfrazadas de verdad que, oídas o leídas, llaman más a la compasión y la pena que a un sesudo análisis.
¿Qué decirles?, solo se me ocurre: Pues no…
Si usted piensa que con la ausencia de un pontífice van a desaparecer las consecuencias de un motu proprio legítimamente emitido para que su grupo regrese al carisma de sus orígenes, los efectos de una declaración apegada al evangelio o el impacto de una advertencia como la formulada por Francisco en El pan sucio de la corrupción, pues no… eso no va a suceder.
Así las cosas (porque hasta candidatos a su favor mencionan ya), viene como anillo al dedo recordar un refrán que reza: «El cardenal que entra a un cónclave creyéndose el próximo Papa (sic), sale más apabullado que sacristán».
Hasta la próxima semana, si Dios nos lo permite.
______________________________________________________________________________
[1] https://www.plazapublica.com.gt/content/al-final-no-hubo-conclave
[2] https://www.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2013/documents/papa-...
[3] https://www.plazapublica.com.gt/content/timonazos-en-la-barca-de-pedro
[4] https://www.plazapublica.com.gt/content/timonazos-en-la-barca-de-pedro
Más de este autor