En el Parque Intercultural de Quetzaltenango se ha instalado el Museo de la Memoria, un proyecto necesario para mantener viva la historia trágica que ha vivido la mayor parte de la sociedad guatemalteca a manos del poder colonial que violenta a los subalternos que se alzan con voz digna contra el sistema de injusticia, racismo y desigualdad.
La memoria no es para victimizar tanta vida ofrendada, sino para construir el futuro con el ejemplo, entrega y conciencia de tanto guatemalteco soñador que aportó con su sangre la esperanza de mejores rumbos y senderos de vida, como lo señala el Popol Vuj: «(...) que tengan nuestros hijos caminos anchos, caminos blancos».
Si bien es cierto, el museo abarca un período corto de la historia, no por ello poco importante, especialmente a raíz del Conflicto Armado Interno del siglo pasado. Valioso esfuerzo que se complementa con otros procesos de reivindicación histórica colectiva comunitaria y tradición oral que recuerda en permanencia la trágica noche colonial desde 1524.
Este proyecto de memoria ha sido impulsado por colectivos de Quetzaltenango con el apoyo de AGIAMONDO, el Servicio Civil para la Paz (ZFD) y el Ministerio de Cooperación Económica y Desarrollo. Culmina con la edición del documento Justicia Poética, cuya portada incluyo en este artículo.
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El proyecto en el Parque Intercultural incluye el teatro Marco Antonio, en honor al menor de la familia Molina Theissen, desaparecido durante el Conflicto Armado Interno. Además, ha instalado una galería fotográfica dedicada a víctimas de la represión estatal en ese periodo. La muestra documenta cómo la fuerza represiva arremetió contra líderes, activistas, intelectuales y pueblos indígenas, así como contra numerosas personas inocentes, cuyas vidas fueron segadas por la intolerancia de las clases dominantes. Asimismo, se han realizado homenajes a algunas de estas víctimas, con la presencia de familiares que sufrieron la desaparición o muerte de sus seres queridos.
La sociedad se privó de vidas útiles, idealistas, soñadoras, revolucionarias, que lo único que anhelaban era que la justicia, la igualdad y el desarrollo fueran una realidad para el pueblo diverso del país.
Que el proyecto se instale en las instalaciones de lo que fue la 5ª zona militar —luego brigada militar— en Quetzaltenango adquiere un fuerte simbolismo reivindicador. Este emplazamiento se constituye, además, en un elemento pedagógico para la sociedad: contribuye a sostener el pensamiento crítico y a motivar la lucha y la resistencia frente a un poder colonial violento y excluyente.
El documento Justicia Poética, recoge testimonios dramáticos que si no fueran dolorosos serían motivo de alegría e inspiración. Ejemplo:
«Abro el Facebook. Una bandera con el rostro de Marco Antonio ondea en el cenit del cuartel donde estuve prisionera. El corazón me da un vuelco. ¡Esto es Justicia Poética! Pienso. Siento que la vida regala a mi familia una promesa de no olvidar mis propias heridas y la sonrisa de nuestro niño amado» Emma Molina Theissen.
«Estamos en primavera Ixcan. Yo soy Emeterio Toj Medrano. Estuve preso en el cuartel Manuel Lisandro Barillas, en julio de 1981...Hagan suyo eso que ahora se llama Plaza (Museo) de la Memoria Histórica, que fue el cuartel done varias personas estuvieron secuestradas y donde se les dio muerte».
«Esa mañana tu vientre reconoció las voces que se iban, se llenó de gritos y de recuerdos de infancia. Esa mañana en tu vientre hubo tormentas y los hijos que desaparecían regresaron al calor del país que los amaba. A mi abuela que fue madre de héroes», Daniel Matul.
«Qué lugar es este. En el que me cortaron la vida. Del Jardín de mi memoria tengo aun escrito en mis pensamientos los días antes de mi tortura. Dejé escrito en mis cuadernos de agronomía: Algún día miraremos tranquilos caer la tarde, sin esperar inseguros la noche», Joaquin Rodas Andrade.
La memoria histórica es lo ocurrido en el pasado —hechos de violencia, exclusión, ataque a la inteligencia, resistencia— no solo como dato, sino como experiencia viva que forma parte de nuestra identidad. Es una forma de justicia simbólica que busca dignificar a las víctimas, reconstruir la verdad y construir un futuro donde no se repitan las atrocidades. Recuperar memoria es resistencia frente al olvido impuesto. No es solo recordar el pasado, es tomar posición en el presente.
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