Prensa Libre publicó una muy importante y oportuna nota, en la que informa la crisis vergonzosa en la que se encuentran nuestros museos, pese a ser los garantes y protectores del inmenso patrimonio cultural e histórico, baluarte para toda la humanidad. Nos debería resultar escandaloso e inaceptable que se reporte el cierre de museos, que sean el centro de pleitos judiciales que involucran municipalidades y al propio Ministerio Público.
En general, los centros culturales no son financieramente autosostenibles. No puede pretenderse que su subsistencia se logre aplicándoles un esquema de gestión comercial lucrativa. Necesariamente, si han de existir y subsistir, deben ser el resultado directo de la intervención de un Estado honesto y responsable, y en casos más bien periféricos, de la filantropía privada.
Entonces, la responsabilidad primordial recae directamente sobre el Ministerio de Cultura y Deportes. Y, con ello, sobre el nuevo ministro, Luis Méndez Salinas. Esto podría ser una amenaza de tensión política para el nuevo ministro, pero, si ha de demostrar liderazgo, audacia y estatura de estadista, es una oportunidad enorme para romper el sistema de círculos viciosos que tiene paupérrimos a los museos, a las orquestas, al Ballet Guatemala y a otras instituciones del arte y la cultura.
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Ese ministerio tiene margen amplio en términos de mandato y facultades legales, pues es la entidad rectora en materia de cultura y arte. Es la oportunidad de oro del ministro Méndez Salinas para demostrar pericia para navegar en los laberintos de la burocracia estatal. Y es que, el desafío, más que conocimiento en arte y cultura, es demostrar habilidad y pericia en los procedimientos administrativos del Estado, además de probidad y honestidad. Más que una eminencia cultural, Méndez Salinas debe demostrar capacidad de conducir administrativamente ese ministerio con un mandato muy especial, y muchas veces menospreciado.
Y, en el momento actual, no vale la excusa consuetudinaria que generalmente salva el pellejo de los funcionarios negligentes: falta de recursos. Si algo ha tenido la administración del presidente Arévalo es dinero. Y por ello las críticas tan severas en cuanto a la capacidad y efectividad en la ejecución de los presupuestos. Se esperaría que el ministro Méndez Salinas tenga claridad en cuanto a que, si el dinero es lo que hace falta para rescatar y elevar al estado del arte mundial a nuestros museos y centros culturales, debe hacer los cálculos de cuánto se necesita y gestionar que se tome de los casi Q15,200 millones asignados a los Consejos Departamentales de Desarrollo. En primer lugar, ya hay certeza matemática de que no se ejecutarán en 2026 y, en segundo, que, si se ejecutan, será en obras viales de mala calidad y otros rubros plagados de abusos y corrupción. Un poco menos para los alcaldes y diputados que manipulan los consejos de desarrollo, y mucho más para el arte y la cultura. No estaría nada mal.
Por otro lado, la cooperación internacional siempre ha estado anuente y dispuesta a apoyar la conservación y el desarrollo del patrimonio y el acervo cultural de Guatemala. El ministro Méndez Salinas puede suscribir acuerdos de acompañamiento y asesoría para recuperar y potenciar nuestros museos y centros culturales, incluyendo apoyos específicos en la ejecución presupuestaria para estos fines, quizá el desafío mayor.
La urgencia de solucionar la gravísima crisis que sufren nuestros museos y demás instituciones para la conservación y fomento del conocimiento, el arte y la cultura no admite excusas ni mediocridad. Exige liderazgo y audacia eficaz.
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