La Caja Real de Santiago Atitlán guarda registro de cómo resolvieron sus conflictos desde 1786
La Caja Real de Santiago Atitlán guarda registro de cómo resolvieron sus conflictos desde 1786
Santiago Atitlán fue repartido sin tomar en cuenta a los pobladores, esta caja contiene el título que hace constar cómo los Tz'utujiles se reunieron para comprar sus propias tierras al gobierno de Rafael Carrera. También resguarda el acta firmada por la comunidad para exigir la expulsión del Ejército en 1990 cuando aún no se firmaba la Paz. Los documentos cuentan la historia de una comunidad organizada desde hace siglos y cuyo sistema sigue vigente.
El lugar parece tener pulso.
No solo por como marca el ritmo un tambor en la habitación, sino por el ambiente que hay. Es un sitio que pide respeto. De un incensario sale humo que busca purificar el espacio y a las personas que están allí, esperando. El olor permanece hasta hacerse normal.
De frente a un altar hay una mesa que tiene una caja encima, esa es la razón que tiene a al menos 20 personas reunidas esperando con expectativa. Están sentadas en bancos de plástico o en alguna de las bancas largas de madera a las orillas del lugar. La Caja Real de Santiago Atitlán es café y se ve pesada. La mantiene cerrada un candado que tiene a su alrededor un listón dorado. Solo una persona puede abrirla, el Cabecera del pueblo, la máxima autoridad indígena.
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En poco tiempo aparece Juan Mendoza, el actual cabecera electo en noviembre de 2024. Murmura algo y en pocos minutos le pasan un octavo de licor transparente. Con el frasco en sus manos se hinca frente a la Caja Real y reza en tz’utujil un padrenuestro seguido de otras oraciones cortas. Al levantarse echa un poco del alcohol en cada esquina de la caja y dibuja unas líneas en la tapa. Los fiscales del cabecera, Pedro Chiquival y Miguel Pablo Sicay, así como su escribano Diego Petzey repiten el ritual poniendo alcohol en las orillas de la Caja o haciendo una cruz con el líquido.
Antes de abrir el candado, el incensario pasa por las manos de todas las personas en la habitación. Hacen tres movimientos, uno hacia el frente y uno bajo cada brazo.
Finalmente el Cabecera abre la Caja. Con cuidado entre los cuatro ven hacia dentro. Entre los fiscales y el escribano sacan uno por uno los capítulos de historia guardados en la Caja Real. Algunos tienen forma de escritura, otros de instrumentos de topografía.
Varias personas se acercan a la mesa, otras mueven sus cuellos para ver desde sus bancos. Diego Petzey les explica en tz’utujil. Primero inspeccionan instrumentos de medición de tierras que van limpiando antes de guardar de nuevo. Aunque estos elementos sorprenden, el más esperado es un documeto que data de los 1,800´s.
Un siglo entre tres pañuelos
Un pañuelo de colores brillantes envuelve una caja de metal gris. Dentro tiene otro pañuelo que don Miguel Pablo y Petzey abren con mucho cuidado. Un documento con las hojas amarillentas por el paso del tiempo aparece debajo de la tela. Las polillas han hecho su festín y algunos pedazos ya se desprenden de ella, aún así se distingue: «Testimonio del título de las tierras de Santiago Atitlán. Año de 1852». En la última página se ve un mapa dibujado a mano del territorio que abarcaba Santiago Atitlán en ese momento. Está deteriorado y con remiendos, a esos arreglos también los alcanzó el tiempo.
A este documento las Autoridades Ancestrales le llaman «Título Madre», pues a la fecha les muestra cómo era su municipio en ese entonces. Además tiene la firma del entonces presidente Rafael Carrera.
Según relata Diego Petzey el terreno de Santiago Atitlán comenzó a ser repartido sin mediciones y sin tomar en cuenta a la población. Durante ese mismo período y como parte de la recuperación de las tierras la comunidad comenzó a comprarlas de nuevo, años más tarde. El Título Madre dentro de la Caja Real registra a las personas que colaboraron y la cantidad de dinero que aportaron. «Nicolás Id, 1 peso, José Alvarado, 1 peso, Manuel Chiquitó, 1 peso»…
La organización de la comunidad para la recuperación de las tierras es un gran ejemplo (no el único) para entender cómo en Santiago Atitlán esa ha sido la manera en la que han encontrado solución a los conflictos.
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Otro de los documentos es el acuerdo de trabajo que se realizó con el ingeniero Emilio Díaz, encargado de realizar nuevamente la medición de las tierras. Allí se explica que el pago fue de 1 mil pesos (que era la moneda que se utilizaba en el país en esa época), por 40 días de trabajo. Según ese registro la última vez que se utilizaron los instrumentos topográficos —que también están en la caja— fue el 4 de enero de 1893.
La Caja conserva otros registros de las nuevas mediciones donde al final se pueden observar mapas, considerablemente más sofisticados que el de 1852.
Dentro de otro pañuelo hay una carta dirigida a la Municipalidad de Sololá, fechada en noviembre de 1919. El papel se ve frágil y es tratado con más cuidado aún aunque sin guantes. Luego de revisarlos los documentos los vuelven a envolver entre los pañuelos y la caja de metal. Y aunque es evidente que el peso de ese primer paquete no es mucho, lo cargan con cuidado como si se tratara de un ser vivo.
Quien resguarda la caja tiene la legitimidad
Aunque el Título Madre podría considerarse el documento principal de la Caja Real por su relevancia en las convicciones de la comunidad, allí hay otros registros que van contando incluso la historia más reciente de Santiago Atitlán. Entre ellos el «libro de justicia de Atitlán» que data de 1786. Allí se relatan los conflictos dentro de la población y cómo se resolvieron. También están las firmas que recolectaron en 2018 como recordatorio a su rechazo a la presencia del Ejército en el municipio como consecuencia a la masacre ocurrida el 2 de diciembre de 1990.
A partir de ese día la población de Santiago Atitlán junto a las autoridades ancestrales y municipales se organizaron para expulsar al Ejército de su territorio. Lo lograron sin violencia pues no hubo enfrentamientos. Una carta firmada por Vinicio Cerezo el 4 de diciembre de 1990 consta la salida del Ejército.
La Caja Real no se mostraba a la comunidad desde 2012 y esa fue también la última vez que se realizó un inventario de los valiosos registros que contiene. En ese entonces estaba a cargo del anterior Cabecera, don Nicolás Sapalú que falleció en marzo de 2024. Parte de las tareas que pretende realizar la actual cabecera es actualizar el inventario. Al escribano le acompañó muy de cerca don Miguel Pablo Sicay que actualmente es el segundo fiscal que también llevó ese cargo durante una temporada. Según Petzey «es tarea del escribano conocer estos documentos para conocer la historia de nuestra comunidad».
También explica que la Caja Real es parte de los cuatro signos de la Autoridad Ancestral de Santiago Atitlán. «El primero es la tenencia y resguardo de la caja real. La persona que resguarda la Caja Real es quien da legitimidad a la cabecera del pueblo».
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El siguiente signo que menciona Diego es el respaldo del pueblo de Santiago Atitlán que está dividido en varias cofradías. Estos grupos que en principio tenían un papel muy ligado a la religión, eran los encargados de elegir al Cabecera. La última autoridad elegida de esa manera fue don Nicolás Sapalú que desempeñó el puesto desde 2010 hasta su fallecimiento. Sin embargo, por descontentos con su gestión las cofradías eligieron a otro Cabecera en paralelo. Para evitar que se designaran «dos» Cabeceras se determinó que lo mejor era realizar una elección involucrando a toda la población.
Tres meses después del fallecimiento de don Nicolás, el 1 de junio de 2024, las cofradías eligieron a Andrés Tziná Coché como el nuevo cabecera. Sin embargo, no fue reconocido como tal. Según una publicación del medio No Ficción, este contaba con el apoyo del ex alcalde Francisco Coché quien fue destituido en octubre de 2025 en un trabajo comunitario.
El 1 de noviembre de ese mismo año, en una elección en el atrio de la iglesia, donde cualquier persona de la comunidad de Santiago Atitlán podía votar, don Juan Mendoza fue electo.
La Caja Real fue entregada a Mendoza el 31 de diciembre de 2024, sin ningún incidente, según una publicación de la Procuraduría de los Derechos Humanos que acompañó el evento. De acuerdo a la costumbre, el resguardo de la Caja Real hace a Juan Mendoza el Cabecera legítimo.
Los otros dos signos corresponden a la tenencia del libro de actas y sellos que ha sido utilizado por los anteriores Cabeceras.
Una población que cree y respalda al Cabecera
El cargo se renueva cada año, al respecto el escribano de la cabecera explicó: «El 1 de noviembre del año nos confirmaron un año más para ejercer estos cargos como autoridad ancestral, se realizó en la plaza de la iglesia y participaron un poco más de 13 mil personas en una tarde».
La mañana del 5 de enero de 2026, en el mismo lugar donde Mendoza aceptó ser Cabecera por un año más, fue presentada La Caja Real. «El objetivo de hacerlo en ese horario era para que las instituciones del Estado se presentaran y reconocieran directamente el origen, y dar la seguridad, que la autoridad ancestral de Santiago Atitlán no nació hace algunos años, sino que tiene cientos de años. Lamentablemente ninguna institución del Estado participó», explica Diego Petzey.
Sin embargo también reconoce que resguardar estos documentos es más que un honor. «Nos sentimos con una enorme responsabilidad, custodiar estos documentos históricos que son del pueblo de Santiago Atitlán. Nosotros solamente somos los designados por el momento para hacer este trabajo, pero también se tiene que terminar nuestro tiempo de servicio en la comunidad. Entonces, nos sentimos muy agradecidos, con bastante responsabilidad, pero siempre con la convicción de trabajar y construir un Santiago Atitlán mucho más justo».





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